Congelar el pulpo si lo hemos comprado fresco o comprarlo congelado.
Sacamos el pulpo y lo pasamos al frigorífico para que se descongele.
Lo pasamos un poco por agua fría para quitar impurezas.
Ponemos una cazuela al fuego con agua.
Cuando rompa a hervir añadimos el pulpo, lo cogemos por la cabeza y “lo asustamos”, consiste en meter y sacar el pulpo 3 veces de la cazuela para que el pulpo se quede tieso y no se le caiga la piel.